ENTREVISTA PUBLICADA EN ANTONI, M. i GÓMEZ, Q (Sabadell 2022)

Pequeños aportes a la transferencia y contratransferencia. HakaBooks e-editions

Cristina Nadal Muset

¿Qué entiendes como transferencia y contratransferencia en la Terapia Gestalt? 

Entiendo la transferencia y la contratransferencia desde la perspectiva psicoanalítica. La transferencia como vivencias, fantasías y reacciones actuales que corresponden a situacionesrelacionales infantiles. Y la contratransferencia como la activación transferencial en el terapeuta, que tomada estrictamente corresponde a la reacción transferencial a la trasferencia del paciente y que, tomada más ampliamente, corresponde al sentir del terapeuta vinculado con su pasado más que con la situación actual (su propia transferencia). Como muches otres terapeutas, creo que éste fue el gran descubrimiento Freudiano para la psicoterapia. Son fenómenos que van de la mano del desvelamiento de la existencia del inconsciente que en Gestalt no contemplamos desde el mismo punto de vista estructural psicoanalítico, sino que lo entendemos gradualmente en relación a la polaridad consciencia-inconsciencia.

La transferencia, no es una simple repetición de lo que vivimos en nuestra primera infancia, sino que tal como decía Perls también está activo en la actualidad precisamente lo que no fue -en virtud de muestra necesidad de satisfacerlo y como asunto pendiente-. Tal como ya decían J. Laplanche, J.-B. Pontalis1, “(…) por una parte, lo que se transfiere es, en esencia, la realidad psíquica, es decir, en el fondo, el deseo inconsciente y las fantasías con él relacionadas; por otra parte, las manifestaciones transferenciales no son repeticiones literales, sino equivalentes simbólicos, de los que es transferido.” Añadimos, que además de las fantasías también repetimos las reacciones defensivas acuñadas entonces para manejarnos con las situaciones difíciles, dolorosas y traumáticas.

Como mamíferes necesitamos el contacto físico para crecer sanamente. Y como humanes, con mucha menos determinación instintiva, necesitamos sintonizarnos emocionalmente con nuestres cuidadores para madurar. Psíquicamente nos estructuramos en el seno de nuestra familia o de alguna institución. La relación que tenemos con nuestros padres o las personas que han tenido esta función determina nuestra forma de estar en el mundo. Ahí sentamos las bases de nuestros patrones relacionales con los que nos vinculamos con las demás personas y también con nosotres mimes.

El desarrollo psíquico, aun habiendo tenido un entorno cuidador y nutritivo que permita también la incorporación de los límites necesarios, no es fácil. Es un largo camino que sucede a través de etapas con diferentes crisis de crecimiento ya desde la temprana infancia. Un entorno seguro y acompañador facilitará que le niñe pueda desarrollar un sistema relacional más amplio y flexible. Aun así cada cuidadora o cuidador tiene sus propias fantasías y deseos sobre ese ser y sus propias formas de relacionarse, e imprime sus huellas en la construcción del carácter y de la personalidad de le niñe, que a su vez despliega sus estrategias para defenderse de lo que le resulta inquietante, frustrante y doloroso.

Cuando el ambiente ha sido más hostil o desestructurado, ha habido carencias importantes y le niñe ha sufrido situaciones traumáticas, el déficit de integración personal es mayor. Entonces, el grado de escisión y la cantidad de asuntos pendientes, así como el grado de sufrimiento y de trastorno suele ser más elevado. Ahí los mecanismos defensivos son más rígidos y las reacciones automáticas determinadas por asuntos transferidos son más masivas.

En todas las relaciones que establecemos, hay aspectos y momentos donde nos relacionamos con mayor grado de actualización y otros donde reaccionamos más condicionados transferencialmente. Es decir, a veces, nuestra vivencia y reacción es más espontánea, más acorde con la situación y con la otra persona en el momento actual, y por lo tanto más creativa. Y otras veces, es más automática y determinada por la parte más rígida de nuestros patrones relacionales, que siempre están determinados transferencialmente.

De todos modos, nuestro modo de estar en el mundo está atravesado por nuestras reacciones transferenciales, que nutren nuestro carácter; la gran diferencia estriba en el grado en que podemos flexibilizar esas estructuras andamiadas por nuestras “aficiones” defensivas. Esa flexibilización nos permite mayor de actualización en nuestro modo de estar. No vemos a le otre, siempre le percibimos desde nuestro estrecho sistema perceptivo y globalizamos la información recibida desde nuestro propio sistema mental atravesado por nuestros sesgos transferenciales; saberlo, nos aporta humildad para dejarnos sorprender por nuestro propio sentir y para escuchar a le otre.

Freud, en un primer momento, identificó lo que llamaba “transferencias” como formas de evitar el progreso del análisis. Veía que cuando la persona se acercaba a núcleos más conflictivos y angustiantes, podía evitarlos enamorándose y erotizándose con él o bien yendo en su contra y poniéndose hostil. Luego se fue viendo como justamente esas eran las ocasiones donde le paciente revivía con le terapeuta asuntos infantiles no resueltos con las figuras parentales o allegados significativos que aparecían aquí y ahora, con los que sí podíamos trabajar. Se pasó de la transferencia como defensa a como elemento necesario para el desarrollo y la profundización en la terapia.

Sabemos que gracias a la orientación sanadora de la persona, las situaciones pendientes pulsan para ser atendidas.

En Gestalt, facilitando la apertura experiencial a esas situaciones infantiles transferidas, procedemos de igual forma que cuando trabajamos asuntes pendientes. Dentro del enfoque de la costa oeste, en general, facilitamos revivir aquí y ahora dichas escenas emergentes, simbolizando a las personas presentes en ella para le paciente pueda sentir y expresar lo que entonces no pudo mostrar, reconocer y validar lo vivido y transitar lo que entonces no pudo acoger ni digerir. Ello es necesario para no pretender resolver esas situaciones en las relaciones actuales, puesto que está abocado al fracaso. El dolor, la carencia, el maltrato, fue. Transitarlo y sumirlo permite rebajar su repetición y poderse nutrir de lo satisfactorio de las
relaciones actuales. A la vez, también sabemos que un elevado uso de la escisión3 como mecanismo defensivo dificulta en mucho la autorregulación organísmica y es posible que necesitemos otros aportes en el tratamiento. Para acompañar a la exploración experiencial de las vivencias nucleares transferidas, necesitamos reconocer dónde se sitúa la persona o el colectivo con quien trabajamos en la polaridad fragilidad-integración psíquica, que puede variar a lo largo del tratamiento.

En Gestalt, facilitando la apertura experiencial a esas situaciones infantiles transferidas, procedemos de igual forma que cuando trabajamos asuntes pendientes. Dentro del enfoque de la costa oeste, en general, facilitamos revivir aquí y ahora dichas escenas emergentes, simbolizando a las personas presentes en ella para le paciente pueda sentir y expresar lo que entonces no pudo mostrar, reconocer y validar lo vivido y transitar lo que entonces no pudo acoger ni digerir. Ello es necesario para no pretender resolver esas situaciones en las relaciones actuales, puesto que está abocado al fracaso. El dolor, la carencia, el maltrato, fue. Transitarlo y sumirlo permite rebajar su repetición y poderse nutrir de lo satisfactorio de las relaciones actuales.

A la vez, también sabemos que un elevado uso de la escisión3 como mecanismo defensivo dificulta en mucho la autorregulación organísmica y es posible que necesitemos otros aportes en el tratamiento. Para acompañar a la exploración experiencial de las vivencias nucleares transferidas, necesitamos reconocer dónde se sitúa la persona o el colectivo con quien trabajamos en la polaridad fragilidad-integración psíquica, que puede variar a lo largo del tratamiento.

Como terapeuta ¿cómo trabajas la transferencia?, ¿qué aporta trabajarla? 

Saber identificar las reacciones tranferenciales de la persona o grupoa quienes estamos acompañando, y saber trabajar con ellas, es necesario para facilitar la profundización en el proceso de sanación; sobre todo cuando no se trata solamente de reducir o resolver la sintomatología sino sobre todo de facilitar que la persona entre en un contacto más despierto consigo y con la realidad circundante. También nos aportará mejor perspectiva si cuando trabajamos con protocolos, la persona presenta actitudes opuestas al progreso del tratamiento, aunque muchos de esos enfoques de trabajo tienen sus propias formas de deshacer los bloqueos al propio proceso, atender las actitudes transferenciales proporciona el acceso a aspectos nucleares, que de fondo sostienen la sintomatología y el malestar.

Ello no es separable de la necesidad de identificar nuestra contratransferencia. Por un lado, porque ella delata nuestros asuntos transferenciales y ya sabemos que no podemos acompañar a donde nosotres no hemos podido acceder. Y por otro, porque la mayor parte de las veces es a través de nuestra experiencia interna que detectamos cuando la persona o grupo con les que estamos trabajando están reaccionando con un alto grado de vivenciasy de manejos defensivos infantiles.

En general, podemos sospechar que respuestas o actitudes no acordes con la situación actual, que aparecen como diacrónicas, a veces intensas y con alto grado de rigidez, están alimentadas por asuntos transferenciales.

A la vez, cuando sentimos angustia, enojo, incomodidad, deslumbramiento u otra emoción que nos disturba frente a nuestres pacientes o usuaries, también podemos sospechar que se nutre de nuestros aspectos transferenciados. A veces diferenciamos si es en respuesta a una reacción transferencial del paciente o es simplemente de nuestro propio background.

Donde podemos ir conociendo y trabajando con nuestras reacciones trasnferenciales es en nuestra terapia, y en supervisión es donde necesitamos identificar nuestras reacciones tranferenciales a las transferencias de nuestes pacientes, es decir, nuestra contratransferencia.

Asegurados estos espacios de trabajo para reconocer, asumir y trabajar nuestros propios asuntos, que es lo que nos aporta madurez y frescura para acoger nuestro sentir y también mayor perspectiva para la intervención, la forma específica que tenemos en Gestalt de trabajar con la contratransferencia es poder transparentarnos.

La Gestalt es una terapia eminentemente relacional y una de las primeras que aboga por la relación entre le profesional y la persona o grupo al que acompaña como el aspecto más relevante en el proceso de sanación.

Veamos un ejemplo: Tuve una paciente que cuando se sentía más angustiada por alguna situación en su vida cotidiana, sistemáticamente, recibía mis intervenciones como agresiones. Entonces, quedaba muy reducida la posibilidad de dejarse acompañar por mí y me era fácil sentirme cuestionada y descalificada, enlazando con mi vivencia de descalificación materna. Transitando mi propia transferencia, pude entender que ella estaba reproduciendo (aunque no de forma literal) el apego desorganizado vivido con una madre con rasgos paranoides y evitativos, que parecía competitiva con la hija y muy angustiada y deprimida. Seguramente su padre no pudo ejercer suficientemente la función de poner orden en esta desorganización. Fue reparador para ella que, en muchas ocasiones, cuando ella estaba disponible para escucharlo, yo pudiera expresar qué es lo que estaba sintiendo y pensando en el momento de mi intervención. En algunas ocasiones, ello iba acompañado de reconocer mi impaciencia y precipitación, a veces sobreprotectora/casi didáctica y otras confrontativa, que ciertamente contenían una no consideración a su propia capacidad de seguir indagando. Poco a poco pudo ir abriendo y trabajando los “núcleos angustiosos”, tal como los nombraba, que experimentaba también en varias de las relaciones más íntimas. Pudo reabrir y asimilar en gran medida tanto los rechazos y abandonos como los abusos emocionales en el seno familiar e ir relajando las reacciones transferenciales en sus vínculos actuales.

Lo que nos habilita para identificar la transferencia de la otra persona y para trabajar con ella, es identificar y seguir explorando, sosteniendo y flexibilizando las nuestras.

En relación a la otra persona, lo importante es detectarla. Mirar una reacción o actitud como transferencial aporta la posibilidad de observarla dejando que se despliegue sin urgencia de que la persona tenga que identificarla como tal de forma inmediata. Podemos proponerle que explore lo que siente cuando dice aquello o se coloca en esa actitud que para nosotres es diacrónica, con el objetivo de poder investigarla y enlazarla con otros momentos de su vida,que emergen como experiencia actual. Sin embargo, si su posición es hostil o muy defensiva, probablemente no estará disponible para ello. Será oportuno identificar lo que nos pasa en aquel momento frente a la persona.

Es decir, hacer uso de la vivencia contratransferencial que experimentamos. Por ejemplo ante alguien que nos mira de forma desafiante, será oportuno notar nuestra inquietud, miedo a la desvalorización, ganas de pelea, o lo que sea que nos pase. Notarlo, nos aporta la posibilidad de observar cómo hace para activar nuestra reacción interna. De hecho, poder acoger lo que sentimos, es el primer paso para poder atender lo que sucede en la sesión desde el estilo gestáltico de dar cabida al campo que creamos entre las personas participantes y el lugar en el que sucede el encuentro.

Si yo he transitado mis asuntos frente a las miradas desafiantes u otra situación y sigo abierta a transitarlas, puedo estar con lo que siento sin necesidad de que la situación cambie para calmarme. Ahí, estoy en mucha mejor posición para ver cómo elle hace para despertar mi reacción interna, así como para elaborar hipótesis y también para facilitar la exploración de su hostilidad o lo que sea hacia mí, sin enjuiciarla. Por ejemplo, proponiendo que me la exprese, que exagere sus gestos, imitar alguna parte de su expresión o cualquier otra propuesta expresiva. Como que lo trasferencial remite a otros contextos, en algún momento será oportuno salir de nuestro asiento para que pueda identificar qué persona o personas de su historia vital aparecen en ese lugar. También será necesario hilvanar el seguido de situaciones a las que le remite esa vivencia.

Otra posibilidad que tengo es poder describir lo que siento, lo que experimento frente a su actitud. Lo que a mí me sucede, es posible que le suceda a más personas que se relacionan con esa persona. Decirle lo que me pasa, va a permitir recorrido si lo digo como una cuestión íntima, y no como juicio. De nuevo, estaré mejor situada si no pretendo que la persona se comporte de otro modo. Podría ser “Cuando me miras fijamente con los párpados un poco entrecerrados, yo me siento inquieta, temo que estás desconfiando de mí(o algo por el estilo)”. Lo interesante cuando expreso lo que me sucede es que la persona pueda identificar lo que le pasa al escucharme. Podríamos preguntarle: “¿Qué te sucede al escucharme?”. Y añadir: “Dale valor a lo que sientes.”

Por último, y como tercer nivel de intervención, puedo expresar lo que me sucede con expresión emocional, no sólo como descripción. “Ah! Cuando me miras así noto temblor, miedo”, mientras le muestro mi sentir a través de mi gestualidad y tono de voz. Va a impactarle más. Por un lado, aporta experiencia más vívida que puede facilitarle más amplia Y/o profunda vivencia si se abre a recibirlo, por otro lado, también puede levantar más defensas. Nos toca calibrar que nivel de expresión es más adecuado en cada momento. En otras ocasiones, requeriremos, para poder seguir trabajando con la persona, poder un límite a alguna forma de tratarnos. Eso es necesario cuando nos agrede sin acceder a mirarse a sí misme o pone en jaque el encuadre de forma reiterada sin poder verse en esas acciones.

Evidentemente, como ya dije, necesitamos saber con quienes estamos trabajando, saber cuál es su grado de fragilidad y de patología para orientar nuestras intervenciones en general y también la exploración transferencial y la expresión de nuestra propia experiencia.

En la supervisión del terapeuta ¿cómo trabajas su transferencia y contratransferencia? 

En general, le terapeuta, educador o profesional de la relación de ayuda trae a supervisión las situaciones que le inquietan, las que necesita revisar porque no sabe cómo abordar y en las que se siente sobre afectade personalmente por esas relaciones. En otras ocasiones, sobre todo con terapeutas sénior, también se puede dar el interés en aprender de un determinado caso o grupo de casos.

En supervisión, además de recoger la información biográfica y procesual necesaria para pensar sobre las hipótesis diagnósticas y posibles orientaciones de intervención, enfocamos qué experimenta le supervisande con la persona o grupo con el que trabaja. Es decir, damos importancia a su contratransferencia. De algún modo, la exploración de sus propias transferencias en la situación que presenta va ayudándole a enfocar también las actitudes transferenciales que va detectando en sus pacientes o usuaries.

Considero que la supervisión en grupo resulta más enriquecedora que la individual por aprender de otros casos, de diversas formas de enfocarlos y de intervenir y de diferentes feed-backs y no sólo de le supervisor/a. También puede ser más ansiógena que la supervisión individual. Aunque me parece muy interesante que le supervisande exponga sus éxitos, sus descubrimientos y sus puntos fuertes, en general trae, tal como dije al inicio, lo que le resulta difícil o urgente para revisar. Así que a ciertos tipos de carácter les resulta difícil sostener la imagen de no saber hacer que perciben que transmiten como profesionales. Tal como compartí al presentar el simposio sobre el Narcisismo del Terapeuta4, nuestra profesión de relación de ayuda se nutre de profesionales narcisistas tanto desde la sobrevaloración (soy mejor y por ello te puedo ayudar) como por subvaloración (me alimento ayudando a otre que está peor). Además, la admiración que solemos despertar en algún momento puede alimentar nuestro narcisismo distorsionando nuestra percepción y nuestro hacer. El concepto psicoanalítico del semblante me resulta útil para entender que lo que les alumnes y pacientes sienten hacia nosotres, no es directamente a nosotres, es en relación al lugar y la función que ocupamos5. Justamente gracias a ello es aún más fácil transferir los asuntos infantiles. Trabajar con el narcisismo del terapeuta, sea up o down, tiene sus escollos particulares en cada caso y es un trabajo necesario.

En terapeutas junior, es frecuente que los procesos se encallen o patinen por el furor “curandi” de le terapeuta que necesita que le paciente o usuarie mejore para sentirse reconocide, lo cual también reproduce situaciones infantiles de le terapeuta donde se muestran manejos narcisistas. En general, las situaciones conflictivas en la relación terapéuticason alimentados por la dificultad de les terapeutes o profesionales de la relación de ayuda de sentir, tolerar y sostener lo que se nos despierta frente ale paciente. Es decir, de poder enfocar nuestros propios asuntos transferenciales.

Nos es difícil facilitar la exploración de los estados carenciales si no tenemos la disponibilidad para localizar, sentir y transitar los nuestros. Si no conocemos nuestro bicho, nuestra parte más dañina, es difícil que podamos estar tranquiles cuando la otra persona, por ejemplo, se enreda proyectándola en otre o la juega con nosotres directamente. Si no nos hemos adueñado suficientemente de nuestro deseo sexual, tambalearemos demasiado cuando le otre nos seduce, no tendremos la capacidad de poder erotizarnos sinreaccionar de forma automática por ejemplo alimentando dicho deseo en beneficio propio o poniéndonos rígides y/o juicioses frente al mismo.Si no hemos atravesado nuestros duelos de forma suficiente, será difícil acompañar en ellos a otres. Y así con otras situaciones. Por ello es necesario indagar sobre lo que nos pasa frente a le paciente, usuarie o alumne y encarar y atravesar lo que nos es propio (nuestra contratransferencia) para despejar el espacio entre yo y la persona para poder verle con mayor claridad, disponer de mayor espacio interno y de más amplio campo de intervención.

Así mismo, al detectar cómo le paciente nos refleja a nosotres mismes, si somos capaces de sentir eso en nuestra propia piel, también adquirimos mejor lugar desde el que colocarnos frente a elle. Por ejemplo, un terapeuta se sentía hostil frente al comportamiento defensivo de su paciente consistente en quitarle valor a lo que veía diciendo “eso es normal” cuando se sentía afectada por algo, en hablar y hablar y no dejarse acompañar sin escuchar casi nada, en hacer bromas de forma frecuente y además ponerse exigente puesto que no reconocía mejora en su tratamiento. Al poder notar como él, también ahora, después de muchos años de terapia, le era difícil mostrar sus dificultades por miedo a que la otra persona le ganara o le aplastara (que remitía a la relación con su padre), pudo comprender y acompañar con más calma las reacciones defensivas de su paciente. Su exploración fue vívida al atravesar justamente su dificultad en abrirse frente a sus compañeres sintiéndose muy vulnerable. Es decir, notando en él mismo la dificultad de la que puede estar huyendo su paciente.

Así pues, es interesante que buena parte de la supervisión de le terapeuta se oriente a detectar y sentir lo que se le despierta frente a le paciente o grupo, identificando sus propios asuntos transferenciales, que podemos llamarlos contratrasnferenciales por darse en el lugar del terapeuta.

Poder hacer de paciente frente a otre participante que toma el rol de terapeuta, haciendo sentir a le terapeuta aquello que le supervisande siente, facilita que al volverse a situar en el lugar de terapeuta pueda atender su sentir, ahora con tiempo para poder ponerle atención, le permite recorrer sus propios asuntos transferenciales. Sólo facilito el inicio de esos recorridos, pues seguirlos trabajando considero que ya es tarea propia de terapia.

Como ya mostré en el ejemplo que describí tres párrafos más arriba, en la supervisión en grupo, se despliegan transferencias que podríamos llamar horizontales, además de las que podemos entender como verticales con quien coordina el grupo -al igual que en un grupo terapéutico. Poder nombrar lo que se experimenta en esas relaciones con les compañeres y estar disponible para acoger y transitar lo que se despierte, aunque no se entre a desplegarlo de igual forma que se haría en un grupo terapéutico, facilita que la energía circule más fluida y justamente la exploración contratransferencial se abra con mayor facilidad. Aumenta la capacidad de acoger las propias limitaciones y las ajenas a la vez que el gusto de ver florecer los estilos genuinos de les companyeres.

Comprobamos que atendiendo los aspectos contratransferenciales, le terapeuta va madurando y la teoría y la técnica se integran con mayor naturalidad y gracia.

Repito, que abrirnos a reconocer y transitar los asuntos transferenciales que se nos despiertan frente a les pacientes, nos ayuda a identificar mejor las transferencias que juegan elles, nos da mejor lugar y nos aporta recursos para trabajar con esos asuntos.

Y concluyo añadiendo que no se trata de llegar a un lugar donde ya lo tenemos todo transitado y resuelto, en absoluto. Lo que vamos adquiriendo es la pericia para poder seguir recorriéndonos y actualizándonos, sabiéndonos seres limitados abocados a la repetición y a los automatismos. Lo que puede incrementar es la capacidad de pescarnos rápido y la fluidez en reconocer tanto lo actual como lo transferencial en nosotres y en la persona o grupo que estamos trabajando. Y, por extensión, claro, en nuestra propia vida.

Cristina Nadal Muset

Diccionario de Psicoanálisis, Editorial Labor.

2Es una concepción propia de la psicología humanista. En Gestalt la relacionamos con la aplicación de la ley del cierre perceptual descubierta por la Psicología de la Gestalt, que nos permite trabajar en el presente con las situaciones pasadas para potenciar la autorregulación organísmica.

3Mecanismo de defensa sustentado por la desconexión fisiológica protectora entre el sistema límbico y la corteza prefrontal en situaciones traumatizantes.

4III Congreso Nacional de Terapia Gestalt

5 Aunque no todes les terapeutes despertamos el mismo tipo de transferencias.

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